By: Fabian Velasco On: julio 29, 2019 In: Sin categoría Comments: 0

A las pegatinas no hay troll ni meme que les gane

La publicidad callejera sigue vigente en la ciudad y es uno de los campos de batalla más candentes en las campañas electorales.

 

Por Ana Laura Calducci – calduccia@ lmneuquen.com.ar

Cuando se trata de llegar a la gente con un mensaje publicitario, la pegatina callejera sigue vigente y es uno de los campos de batalla más candentes durante las campañas electorales. A la vieja técnica del afiche impreso en la vía pública, que cuenta con más de un siglo, no hay troll ni meme que le gane. La clave está en que, a diferencia del mundo virtual, los paredones no se pueden correr con un movimiento del dedo índice y la mayoría de nosotros termina prestando atención al anuncio, aunque al principio se resista a mirarlo.

En el centro neuquino hay más de 300 espacios publicitarios callejeros, es decir, los soportes para anuncios en papel; a los que se suman vallas en el mobiliario urbano, carteles ruteros y la versión moderna del cartel: las pantallas gigantes.

 

 

Ni las cadenas de Whatsapp, ni los virales de Facebook ni los ejércitos de trolls en Twitter han sido capaces de desterrar las campañas en la vía pública. Se sancionaron ordenanzas para restringir los espacios y evitar que se enchastre la ciudad en época de elecciones, pero no hay quien frene al empapelado, que por estos días empieza a cubrir muchos de los muros y postes de Neuquén.

 

En los años sin urnas, las calles siguen siendo negocio. Todos los espectáculos de gran convocatoria se publicitan con carteles analógicos, aun cuando la organización del evento y hasta la venta de entradas estén digitalizados. También los principales hipermercados y las empresas que necesitan instalar un nuevo producto o servicio recurren a los infalibles séxtuples que cercan cada obra o baldío.

La propaganda callejera no tiene animaciones ni jingles pegadizos. Por eso, la fuerza del mensaje está en el despliegue visual y la repetición en puntos estratégicos por los que circulan miles de vecinos. “Si vendés útiles escolares, con 20 séxtuples en cercanías de los colegios te asegurás de que el mensaje llegue, por eso la publicidad exterior es lo que más crece en el mundo después de las redes sociales”, comentó uno de los principales empresarios del rubro, con más de 20 años de experiencia en la ciudad.

Señaló que, en épocas electorales, “se usa como presencia territorial, pero es pura imagen, no hay plataforma política, y también se vive una guerra de vandalismo, en la que unos arruinan los carteles de otros con bigotitos, narices de payaso o lo que sea para ridiculizarlos”.

 

sebastian Fariña Petersen

Joaquín Perren es historiador e hizo varias investigaciones sobre la dinámica de los espacios urbanos en Neuquén. Para él, la vigencia de la publicidad callejera tiene que ver “con que la ciudad tiene vías de alto impacto por las que pasa muchísima gente y, si posicionás tu mensaje en esos corredores, por simple matemática, muchos lo van a ver”.

“En los puntos donde estos corredores coinciden con lugares de gran densidad demográfica, la cantidad de lectores del mensaje está asegurada; por eso, siempre hay mayor contaminación visual en el centro y los barrios más poblados”, razonó.

Pablo, propietario de una de las agencias de publicidad más recientes, coincidió en el diagnóstico. “Hay una crisis evidente de los medios de comunicación tradicionales y, en la web, la gente evita los anuncios; por eso crece la vía pública, porque todos nos tenemos que movilizar por determinadas calles para llevar a los chicos al colegio o comprar en el supermercado, y no podemos dejar de mirar”, explicó.

Contó que, hasta hace una década, “era más fuerte el afiche callejero, que tiene 1,10 por 1,5 metros, y ahora se eligen más los formatos grandes, como el séxtuple, que supera los cuatro metros de largo, que se ve sí o sí”.

 

Omar NOvOa

Aunque no requieren de demasiada tecnología, las pegatinas y carteles tampoco son baratos. Una quincena en un séxtuple no baja de los dos mil pesos. Para empapelar el centro neuquino durante un mes de campaña, el piso es un millón de pesos.

Para los clientes, es dinero bien invertido. Si bien se necesita mucho más que enormes sonrisas con photoshop para ganar una elección, la presencia en las calles asegura que el candidato se convierta en una cara familiar que acompaña a cada vecino en su rutina, día tras día, hasta hacerse costumbre.

Engrudo y aerosol como opciones

La calle es pública, pero los avisos son pagos. Los espacios habilitados para colocar carteles en la ciudad están en manos de un puñado de empresas, que se dedican a esto como a cualquier negocio. Por eso, en épocas electorales, quienes no tienen demasiados fondos para destinar a la campaña recurren a las pegatinas por fuera de los bastidores, a puro engrudo sobre un muro de ladrillos, o bien echan mano del aerosol, que permite plasmar una frase hasta en la superficie más esquiva.

en la militancia de cualquier color político, la receta del engrudo pasa de boca en boca. Sólo hace falta un balde donde mezclar harina, agua y soda cáustica, más una tanda de afiches enrollados

el empapelado a pulmón no queda tan prolijo como en los espacios pagos, pero el mensaje se lee igual. eso sí, a quienes se les va la mano y pegan sobre la casa de un vecino o en una pared vedada, después les cae la multa y ahí lo barato termina saliendo caro.

 

Omar NOvOa

Una fórmula matemática infalible

Cuando se trata de campañas publicitarias, lo que importa son los números. Por eso, hay esquinas de la ciudad que valen oro, mientras que otras sobreviven con un blanco inmaculado elección tras elección.

La matemática de la propaganda vial es muy simple: donde más autos circulan es donde más gente hay. Por eso, los ingresos a la ciudad son los puntos más codiciados para hacer valer el mensaje. El más costoso es el cruce carretero a Cipolletti, por donde transitan unos 50 mil coches diarios. Hacia el lado de Centenario, van y vienen otros 32 mil autos de sol a sol, y en dirección a Plottier se movilizan 26 mil vehículos al día.

Entre las calles troncales, las más valoradas son Belgrano, Avenida Argentina, San Martín y, desde que se inauguró el Metrobús, Avenida del Trabajador. También las esquinas por donde pasan varias líneas del colectivo. Cada ramal que une el oeste con el centro trasporta unos cinco mil pasajeros diarios en promedio.

Aunque los peatones y ciclistas también cuentan, el factor determinante es la circulación de autos y colectivos. En Neuquén, hay un vehículo por cada dos vecinos y el transporte público urbano tiene más de cien mil usuarios.

https://www.lmneuquen.com/a-las-pegatinas-no-hay-troll-ni-meme-que-les-gane-n643472

Trackback URL: http://ape.org.ar/2019/07/29/a-las-pegatinas-no-hay-troll-ni-meme-que-les-gane/trackback/